Nuestra Historia

Corría el año 1929. El mundo se preocupaba por acontecimientos que durante ese año estremecieron a diferentes países. Llegaron al oriente del nuestro
exactamente a Bucaramanga, los esposos Carlos y Kary Christensen junto con Rubén, hermano de Kary. Después de un largo viaje de Nueva York a Barranquilla, de Puerto Colombia por el rio Magdalena a Puerto Wilches y a lomo de mula junto con sus cajas de libros y utensilios de cocina, arribaron a la ciudad y se hospedaron en el hotel ABC de los hermanos Ospina.

Sin hablar muy bien el idioma y viendo que sus recursos económicos eran cada vez más escasos suplicaron a Dios que les permitiera encontrar a una persona con quien entenderse en inglés. Después de caminar una mañana varias cuadras sin rumbo fijo, se sentaron en una de las bancas del Parque Garcia Rovira. De nuevo solicitaron al Señor que les indicara a dónde dirigirse. Comenzaron a caminar y cerca de la casona donde funcionaban las oficinas de la Gobernación, una puerta verde llamó su atención. Golpearon; una señora muy amable acudió a su llamado; al unísono ellos le dieron los buenos días. La señora no entendió lo que dijeron, pero les solicito silencio y en perfecto inglés preguntó si ellos lo hablaban. La señora los hizo seguir y dadas las circunstancias en que se encontraban, les dio hospedaje en un corredor. En ese momento comprendieron que Dios había escuchado su solicitud y que el Espíritu Santo los estaba guiando.

Como la venta de libros era lenta y también la llegada de los pedidos, resolvieron buscar un lugar donde construir una vivienda e iniciar una industria casera que
hiciera menos dificultosa la economia familiar. Comenzó la búsqueda de un lote y se enteraron que don Antonio Serrano era dueño de un gran terreno, pero también les advirtieron que no vendia a nadie. Los esposos Christensen llevaron su solicitud ante el Padre Celestial y fijaron un dia para visitar al señor Serrano. Este los encontró tan sinceros y humildes que les ofreció un lote de 7 metros de frente por 15 de fondo situado en la carrera 16 con calles 5ta. y 6ta. Ciento cinco metros cuadrados que les costaron $10.50. Con la venta de dos ejemplares del Conflicto de los siglos pagaron esa suma.

Aprendieron a hacer adobes, encerraron el lote y pronto construyeron una casita que les servía para vivir. En el patio edificaron un rústico horno donde asaban pan y galletas que empezaron a vender y asi equilibraron el presupuesto familiar.

Fernando y Cecilia, los hijos de don Fernando Afanador, asistian a la escuela pública y pasaban todos los dias frente a la casa de los «misteres» como solian llamarlos. Un dia la señora Kary les ofreció unas galleticas que ellos corrieron a compartir con su mamá.

En cierta ocasión cuando el pastor Christensen y su cuñado distribuían tratados y vendían revistas, se encontraron con el señor Afanador quien les pregunto de dónde eran. Ellos respondieron que habían nacido en Alemania, pero vivían en Estados Unidos. Ante el interrogante de qué hacían, respondieron que eran colportores. «¿Y eso qué es?» «Vendemos libros cristianos». «Díganme, vender Biblias es también colportar? Si es así, yo también fui colportor, porque vendí Biblias en Colombia y Venezuela con un pastor evangélico. Ahora trabajo en el almacén de unos alemanes». Fue el comentario del señor Afanador.

Establecieron una linda amistad y el sábado siguiente los Christensen celebraron la primera Escuela Sabática en casa de don Fernando junto con su esposa Catalina, sus hijos Fernando, Cecilia, Enrique, Leonor y Lola.

El sábado siguiente ya tuvieron visitas, don José Dulcey, su mamá y sus hijos Guillermo y Arturo; Gabriel Rey, su esposa Delia y sus hijos Gabrielito y María. De la sabana de Bolívar llegó don Pedro Saray con su esposa Maria Elena.

Enriquecedora fue la visita de los colportores Jorge Escandón y Enrique Urbina quienes se manifestaron como excelentes maestros de Escuela Sabática. Más tarde les visitaron Casimiro Larrazábal y Gilberto Bustamante quienes también colportaban. Estas visitas fortalecieron la fe del grupo y se dieron cuenta que no estaban solos.

Los Christensen viajaron a Panamá y el señor Afanador quedó encargado de la parte económica del grupo. En reemplazo llegó el pastor Max Trummer con su esposa Nohema y sus hijos Sarita y Max. Los esposos Afanador fueron bautizados y un año después se tomó la determinación de organizar la Iglesia. La fecha fijada fue el 31 de diciembre de 1932 con un núcleo de 12 personas:

Fernando Afanador
Catalina de Afanador
Marcos A. Reina
Rita de Reina
Clementina de Reina
María Luisa Dulcey
Mercedes de Rodríguez
Pedro Saray
Elena de Saray
Max Trummer
Nohema de Trummer
Sara Trummer

Como la sala y el patio de la casa de la familia Afanador ya no era suficiente buscaron un recinto más amplio y lo encontraron donde funcionaba la tienda Venus, situado en la carrera 15 con calle Sta. Cada sábado más personas se agregaban. No se sabe cómo don Segundo Moreno que vivía en el barrio Piñitas se entero de las reuniones y llegó con su esposa Nieves y sus hijos Aurelio y Alfredo. De los Llanos llegó Patrocinio Puerto; de Cúcuta Mercedes León y sus hijos César, Antonio, Carmen y Rosa Rodríguez. El crecimiento de la congregación fue cada día mayor y en noviembre de 1933 había 90 personas que conformaban 8 clases de Escuela Sabática.

De la tienda Venus, la congregación se trasladó a la esquina de la carrera 15 con calle 13. En el comedor y en el patio de la casa de don Luis Plata, quien recientemente se había unido a la iglesia, celebraban los cultos pagando una mínima suma que el señor Plata les cobraba.

No todo es felicidad y alegría. Para la congregación despedir a los miembros más queridos es la parte triste de la historia de la iglesia, en 1933 descansa la hermana Catalina de Afanador. La vida es una secuencia y como parte de ella el pastor Henry Baasch en ese mismo año dicta una serie de conferencias en un local ubicado en la carrera 17 con calles 35 y 37.

Después de las conferencias, la hermandad continuó reuniéndose en ese mismo local y fue alli donde bajo la dirección de la hermana Tula Prada y del hermano Alfredo Navarro deciden organizar la escuela de iglesia que permita a los niños de la misma ser enseñados en un ambiente propio de las doctrinas que respetaban sus mayores. La señorita Elvira Lejarde, les ayudaba como profesora voluntaria.

Por motivos financieros la iglesia se mudó a una casona española en la calle 30 con carreras 14 y 15. La escuela siguió bajo la dirección del profesor Bugner, un hermano norteamericano muy cristiano. Desafortunadamente fue en ese tiempo cuando la escuela fue cerrada y los alumnos se trasladaron al Colegio Americano. En 1941 llegó la señorita Brígida Palencia, para iniciar de nuevo las labores de la escuela de iglesia.

La primera junta de iglesia estuvo conformada así:

E. M. Trummer – Anciano
Fernando Afanador – Diacono
Nohema Trummer – Secretaria Tesorera, Directora Escuela Sabática
Pedro Saray – Secretario Obra Misionera-Subdirector Esc. Sabática
Rita de Reina – Secretaria Escuela Sabática

En los registros aparece un informe de tesorería que indica la importancia que la congregación daba a sus compromisos económicos con la iglesia. Cifras que el tiempo hace parecer irrisorias, pero que en su momento significaban un gran compromiso de fe. Diezmos $446,90 Ofrenda de Escuela Sabática $89.95 Cumpleaños $8.65 Decimotercer sábado $30,00 Recolección $120.65.

La primera ceremonia matrimonial fue doble. Unieron sus vidas don Octavio Cristancho con la señorita Silvina Hortúa y don Andrés Silva con la señorita Cristina Galvis.

Cada vez se añadían más personas a la congregación y Pedro Medina, Andrés Silva, Luis J. García, dejaron gratos recuerdos en la mente de las personas que tuvieron el placer de conocerlos y compartir con ellos su fervor religioso.

La iglesia iba creciendo y procuraba organizar todos y cada uno de los departamentos que permitieran prestar un mejor servicio y compartir la fe con propiedad. La primera Sociedad de Dorcas se conformó con la siguiente directiva:
Flavia de Saray – Directora
Maria C. de González – Subdirectora
Rosa Amelia de Arenas – Secretaria Tesorera

A la ciudad llegó Marco Aurelio Zapata, no se supo quien le dio el evangelio, lo cierto fue que nació como un misionero, fiel estudiante de la palabra del Señor, con su esposa Carmen Murillo y sus hijos Nohemi, Jairo, Efraín, Uriel y Neftali. El hermano Zapata, excelente maestro de construcción, se hizo cargo de la edificación del templo que ganó el premio municipal como la mejor construcción del año.

Para la iglesia fue doloroso despedir al pastor Trummer, después de haber disfrutado durante cinco años de la dirección espiritual de una familia que está todavía en el recuerdo de quienes tuvieron la oportunidad de conocerlos.

El pastor Baxter reemplazó al pastor Trummer y junto con el estudiante de teología Luis A. Bolívar, dirigieron una serie de conferencias en el Coliseo Peralta. Este ciclo evangelístico fue todo un éxito y 26 preciosas almas fueron bautizadas como resultado. Entre ellas don Ángel María Cordero con sus hijos Manuel, Ángela y Carlina.

A la casona española donde se reunía la congregación se le empezaron a notar los años. Pronto las goteras, la amenaza de desplome de los muros, hizo pensar en la
necesidad de un nuevo lugar para celebrar los cultos. Los hermanos alquilaron un salón grande con vivienda en la carrera 15, alli fue donde más tarde construyeron el Teatro Libertador. Mientras se reunían en este lugar llegó de Málaga Carlos Fernández y ocupó la vivienda que alli había. Se agregaron a la congregación Nemecio González, con su esposa Conchita y sus hijos Jorge, Esther, Beatriz y Bárbara. La señora Victoria de Carvajal y su hijo Gustavo quien más adelante fue el esposo de Marina Calderón, cuyos hijos Samuel, Solangel y Gustavito formaron una preciosa familia.

Preocupados los directivos de la iglesia por la necesidad de conseguir un lugar definitivo para adorar a Dios, tomaron en serio la decisión de comprar un terreno para la construcción del templo. Fue así como se adquirió el lote ubicado en la carrera 19, Avenida Camacho, con calle 24. En ese entonces el pastor Vicente Moreno dirigía la iglesia, el hermano Carlos Plata era el tesorero y el obrero bíblico Carlos Julio López.

El 3 de octubre de 1941, la congregación ocupó el templo recién construido. Esta noticia causó conmoción en algunas personas a quienes parecía no grata la presencia de una congregación protestante y pronto comenzaron los desfiles de rechazo. Sin embargo, Dios demostró a través de todo el tiempo que estaba agradado con este grupo de sus hijos y les protegió.

En enero de 1947, se celebró la inauguración de la iglesia con la presencia de los pastores Vicente Moreno y Michael Murray. Hubo un servicio bautismal y bajaron a las aguas 12 nuevos miembros de iglesia. Allí estaban Enrique Afanador, Luis y Evelia Carvajal, Eva de Rosas y Rosa de Navas entre otros.

Para la escuela de iglesia fue una bendición tener ahora un espacio amplio, patio de juegos y dos salones grandes donde desarrollar sus actividades. Pero soñaban con tener un mobiliario diferente a los ya vetustos pupitres que habían soportado tantos traslados. La profesora Isabel Peña, graduada en la Escuela Normal de Señoritas de la ciudad se hizo Adventista después de recibir su diploma y asumió la dirección de la escuela con la responsabilidad de enseñar cuatro grados de primaria, inyecto entusiasmo en los padres y alumnos y pronto todos estaban trabajando en la consecución de recursos o en la elaboración de material didáctico. El Señor bendijo esta campaña y todos estuvieron contentos de los resultados. Al siguiente año llegó el profesor Félix Fernández Flórez, quien fue un apreciable apoyo a la obra que la señorita Peña había iniciado.

Por sucesos aciagos ocurridos en nuestro país, muchas familias se vieron obligadas a buscar refugio en las ciudades. A Bucaramanga llegaron Octavio Cristancho con su esposa Silvina Hortúa, y sus hijos Daniel, Judith, Elena e Isabel. Jesús Zárate y familia. Don Ernesto Ortiz con su esposa Florángela y sus hijos Ernesto, Elizabeth, Eduardo, Sarita, Hernando y David. La señora Rosalbina de Valderrama con su sobrino Alonso y su empleada Custodia Orduz. El señor Misael Zárate, maestro en el arte de tallar, con su esposa y sus hijos. Fue un precioso grupo de personas que trajo muchas bendiciones a nuestra congregación y gran soporte para la iglesia.

Durante el ministerio del pastor Tirso Escandón se aprobó que la junta escolar fuera compuesta por siete miembros y se nombró a:

Octavio Cristancho – Presidente
Isabel Peña – Directora de la escuela
Marco A. Zapata – Representante de los padres
Victoria de Cárdenas – Representante de las madres
Hernando Mantilla – Representante de la iglesia
Carola González – Secretaria Tesorera
Tirso Escandón – Consejero

La esposa del pastor Escandón, doña Flor, organizó el primer coro de la iglesia. Esta pareja de ministros se preocupó mucho por las clases bíblicas y también por la organización de un centro cultural dependiente de la Sociedad de Jóvenes como medio eficaz para retener la juventud y atraer más jóvenes a la iglesia.

La iglesia de Bucaramanga tuvo la oportunidad en enero de 1952 de ser la sede del Primer Congreso Laico Nacional. Para esa ocasión se contó con la presencia del pastor J. Ernest Edwards de la Conferencia General, el pastor W. A Wild de la División Interamericana, el pastor Charles R. Beeler de la Unión Colombo Venezolana y el pastor Ray Norcliffe de la Misión del Alto Magdalena. La presencia además de los delegados de las congregaciones de todo el país fue una experiencia enriquecedora para nuestra iglesia.La obra de la iglesia no se limitó solamente a la ciudad de Bucaramanga, hubo muchos verdaderos obreros laicos preocupados por hacer conocer el evangelio en otros lugares. En esta larga lista recordamos los nombres de José Sánchez, Saturnino Páez, Juan Campos, Martin Rey, Campo Elias Durán, Aristides Reina, quienes llegaron a Sabana de Torres, Papayal, La Virtud, El Bambú, Portugal, San Rafael, Villa Paz y a muchos otros lugares donde sembraron la semilla y ahora se cosechan los frutos.

La Iglesia Central de Bucaramanga se constituyó como la madre de las muchas iglesias y congregaciones que hoy existen, no sólo en la ciudad sino en el departamento.

La señora Carlina de Vergara fue la persona dirigida por Dios para que de una manera casi milagrosa se adquiriera el terreno donde hoy está el Colegio Adventista Libertad. Ha sido esta institución un centro de preparación de personas que hoy llevan en alto el nombre de nuestra institución. Solo mencionar unos de los muchos equivale a pasar por alto a la gran mayoría.

Solo resta recordar pastores que formaron parte de la historia de la iglesia Central: Pr. Max Trummer, Pr. Baxter, Pr. Eugenio Plata, Pr. Vicente Moreno, Pr. Tirso Escandón, Pr. Luis A. Bolívar, Pr. John Griswell, Pr. Mario Robinson, Pr. Manuel Martínez, Pr. Wilfredo Reina, Pr. Eliécer Benavides, Pr. Norberto Carmona, Pr. Manuel Sierra, Pr. Eduardo Sánchez, Pr. Oscar Ortiz, Pr. Eliseo Bustamante, Pr. Ignacio Vásquez, Pr. Leonardo Gómez, Pr. Ernesto Prieto, Pr. Carlos Pinto, Pr. Gustavo Pérez, Pr. Florentino Quintero, Pr. Jaime Rivero, Pr. Ezequiel Rueda, Pr. Daniel San Miguel, Pr. Evangelio Amado, Pr. Frank Omar Hernández, Pr. Libardo Marín y Pr. Luis Eduardo Ortega, Pr. William Cedano (Actualmente)